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martes, 17 de mayo de 2011

¿Está causando un genocidio la doctrina del calentamiento antropogénico?


Así parece creerlo el geofísico canadiense Norm Kalmanovich, basándose en el encarecimiento de las cosechas provocado por el desvío para combustibles de una parte importante de los alimentos básicos de la población mundial como son los cereales (en la imagen, un campo de arroz). Según este científico, el 6,5% de los cereales del mundo están siendo utilizados para producir 85.000 millones de litros de bioetanol siguiendo los acuerdos del protocolo de Kyoto, que impulsa estas medidas basándose en la teoría del calentamiento antropogénico producido por el consumo de combustibles fósiles.
Kalmanovich parte de la constatación de un hecho: las medidas de la radiación infrarroja saliente hacia el espacio que vienen efectuando los satélites desde 1979. Estas medidas, según sus palabras:
demonstrate that OLR is responding strictly to the fourth power of the Earth’s absolute temperature in perfect accordance to basic physics theory, but is in no way responding to the 57.1% increase in CO2 emissions from fossil fuels since 1979
traducción: demuestran que la OLR (Outgoing longwave radiation = radiación de onda larga saliente) está respondiendo estrictamente a la cuarta potencia de la temperatura absoluta de la Tierra en perfecto acuerdo con la teoría física básica, pero en absoluto respondiendo al 51% de incremento en las emisiones de CO2 procedentes de combustibles fósiles desde 1979.

Resulta que el principio básico, la clave de bóveda que sujeta la teoría en la que se basan los creyentes en el calentamiento antropogénico, es el incremento del efecto invernadero que provocaría un aumento del CO2 en la atmósfera proveniente de la quema de los combustibles fósiles. Para que este efecto se produzca, es necesario que el CO2 extra que emitimos los humanos atrape cada vez más radiación infrarroja (de onda larga) emitida por la Tierra. Lo que los satélites observan, sin embargo, es que la emisión infrarroja que emite la Tierra hacia el espacio, no está siendo atrapada en mayor cantidad a medida que suben las emisiones de CO2 (y han subido nada menos que un 51% desde 1979), lo que echa por tierra toda la teoría del calentamiento catastrófico producido por el malvado ser humano.
Un encarecimiento de un 20 ó un 30% en el precio del trigo o del arroz es solo un leve inconveniente para los habitantes de los países ricos, pero puede significar la diferencia entre la vida y la muerte (por hambre, o por enfermedades asociadas a ella) en los países más pobres.
Kalmanovich es un científico semirretirado y, por tanto, sin miedo a perder su puesto de trabajo o a quedarse sin ayuda para sus proyectos científicos. Desgraciadamente, los científicos más jóvenes no están en su misma situación. Y no lo reprocho. No se puede exigir heroísmo cuando tu trabajo está en juego.
Más información aquí.

viernes, 14 de mayo de 2010

El efecto invernadero II

El mecanismo del efecto invernadero se basa en el equilibrio entre la energía que nos llega del sol y la que la Tierra emite al espacio, lo que se llama el saldo energético terrestre. A la distancia promedio de la Tierra al Sol, 1 m2 de terreno que esté perpendicular a los rayos del sol absorbe 1.366 W de energía. Como la Tierra es una esfera, rota sobre su eje, este eje está inclinado y encima se mueve alrededor del sol, gran parte de su superficie no recibe los rayos perpendiculares nunca o casi nunca. Si sacamos el promedio de toda la Tierra, resulta que este saldo energético se reduce a la cuarta parte de la cifra anterior, o sea, 342 W/m2. Una parte de esta energía entrante la reflejan las nubes y la superficie de la Tierra de vuelta al espacio nada más llegar, otra parte es absorbida por la atmósfera o por la superficie de tierras y mares y calienta al planeta. Según Solomon et al. (2007), de los 342 W que entran,

- 30 son reflejados por la superficie (de tierras y mares)
- 77 son reflejados por las nubes, aerosoles y gases atmosféricos
- 168 son absorbidos por la superficie
- 67 son absorbidos por la atmósfera

La Tierra también emite radiación. Según los mismos autores:
- 390 son emitidos por la superficie
- 78 los emite la evapotranspiración de plantas
- 24 los emiten fuentes internas

Los gases invernadero, según Solomon et al. (2007) devolverían a la atmósfera 324 W. Estos datos así expuestos parecen indicar que la Tierra está en equilibrio y que se conocen todos los parámetros importantes de energía entrante y saliente, al menos globalmente. Susan Solomon es una destacada defensora del efecto invernadero antropogénico y de hecho estas cifras son las que se usan en los modelos computerizados para realizar las proyecciones hacia el futuro de los posibles escenarios de cambio climático en el IPCC. Pero algunos científicos no están de acuerdo con estas cifras, y afirman que no sabemos ni siquiera cuál es la temperatura media de la Tierra. Para el Dr. V. R. Gray, estos datos no son válidos ya que, por ejemplo, suponen que conocemos exactamente la energía radiante que emite la Tierra (390 W/m2 según Solomon, 2007). La energía radiante, si se asume que la Tierra es un cuerpo negro, se puede obtener de la ecuación, bien conocida en física, de Stefan-Boltzmann:

E = σT4

En donde E es la energía radiante en vatios por metro cuadrado (W/m2), σ es la constante (5,67.10-8 W/m2.K) y T es la temperatura en grados Kelvin (K). Los grados Kelvin son iguales a los grados centígrados (ºC) solo que su origen, es decir, los 0 grados K no son la temperatura de congelación del agua como los ºC sino el llamado cero absoluto, es decir, la temperatura mínima que puede existir, y que equivale a -273 ºC. Por tanto, para pasar de grados centígrados a grados Kelvin solo hay que sumar a éstos 273. Por ejemplo, 15ºC son 15+273 = 288K.
Si se asume que la temperatura de la Tierra son 15ºC (=288K) y esta temperatura está uniformemente repartida por toda la superficie del planeta, entonces el dato de 390 W/m2 es correcto, pero la Tierra no tiene la misma temperatura por todas partes: en los polos hace más frío y en el ecuador más calor y como el valor de la ecuación anterior depende de la 4ª potencia de la temperatura resulta que, matemáticamente, la media de la cuarta potencia de la temperatura de cada parte de la Tierra no es lo mismo que la cuarta potencia de la temperatura media de la Tierra. Gray pone un ejemplo:
“Si dividimos la Tierra en 4 partes, cada una con las siguientes temperaturas medias:
1ª) 313 K (40ºC)
2ª) 293 K (20ºC)
3º) 283K (10ºC)
4º) 263K (-10ºC)
la media nos sale 288K (15ºC) y al introducir ese valor en la ecuación de Stefan-Boltzmann nos salen los 390 W/m2, pero si introducimos cada uno de estos valores en la ecuación anterior, nos da:
1) 544 W/m2
2) 418 W/m2
3) 363 W/m2
4) 271 W/m2
La media de estos valores es 399 W/m2 y no 390 W/m2. Esto es así porque las zonas más calientes emiten muchísima más radiación que las zonas frías, ya que la progresión a medida que subimos la temperatura es una progresión geométrica, es decir, la radiación sube exponencialmente, y no aritméticamente, cuando aumentamos la temperatura. Parece que 9 W/m2 de diferencia no sea una cifra importante, pero este error es mucho más grande que los pretendidos efectos de los gases invernadero añadidos al sistema por el ser humano desde el inicio de la revolución industrial en 1750 que son, según el IPCC de 1,4 a 1,6 W/m2” (Gray, 2007).
Por tanto, para realizar la operación correctamente, deberíamos dividir la Tierra no en 4 zonas sino en muchas más (no se sabe cuántas) y determinar la temperatura media de cada una para después meterlas por separado en la ecuación y sacar entonces la media, lo que nos aproximaría más a la verdadera cifra de energía que radia la Tierra.

Referencias:

- Gray, V.R. 2007. Unsound Science by the IPCC.
Solomon, S. D Qin, M Manning, M Marquis, K Averyt, M H Tignor, H L Miller, and Z Chin. (Eds.) 2007. Climate Change 2007: The Physical Science Basis (IPCC), Cambridge University Press.

jueves, 13 de mayo de 2010

El efecto invernadero I

La Tierra, sin los gases de la atmósfera, se ha calculado que tendría una temperatura media de 18 grados bajo cero. Esta temperatura media no refleja lo que realmente pasaría si desapareciera la atmósfera: si no existiese esta maravillosa cobertura, las temperaturas durante el día subirían por encima de los 98ºC y por la noche bajarían a unos heladores -172ºC de manera similar a lo que ocurre en la Luna. Como actualmente la temperatura media es de unos agradables 15ºC, la diferencia (33ºC) se supone que es la cantidad de grados que sube la temperatura por el llamado “efecto invernadero”.
Todo el mundo sabe que en los invernaderos la temperatura puede llegar a ser insoportablemente cálida. Igual que pasa cuando dejamos un coche estacionado al sol durante unas horas en un tórrido día de verano, en los invernaderos (y en el interior del coche) los rayos del sol calientan las superficies y el aire interiores. Este aire, al no renovarse, se recalienta cada vez más, haciendo subir la temperatura de manera muy efectiva. Antes se creía que era debido a que los vidrios del coche (o del invernadero) eran opacos a los rayos infrarrojos que trataban de salir, pero experimentos con cristales transparentes a estos rayos han demostrado que la temperatura sube prácticamente igual, es decir, el hecho de que el aire no se pueda renovar es más importante que si los cristales son o no opacos a las radiaciones infrarrojas.
En la atmósfera no hay cristales, por lo que muchos científicos piensan que la metáfora del invernadero para explicar el efecto de atrapar el calor que se produce allí es una mala elección, pero el término se ha popularizado y hoy todo el mundo, incluidos los científicos, lo denominan así. Sin embargo no faltan autores muy serios que creen que no existe este efecto, como los físicos alemanes Gerhard Gerlich y Ralf D. Tscheuschner quienes, en un extenso y bien documentado artículo, afirman:
El efecto invernadero atmosférico… esencialmente describe un mecanismo ficticio, en el que una atmósfera planetaria actúa como una pompa de calor conducida por un medio ambiente que está interactuando radiativamente, pero radiativamente equilibrado, con el sistema atmosférico. De acuerdo con la segunda ley de la termodinámica tal máquina planetaria no puede existir… la diferencia de temperatura de 33ºC es un número sin sentido incorrectamente calculado” (Gerlich & Tscheuschner 2009).
Gerlich y Tscheuschner vienen a decir que la teoría del efecto invernadero viola la segunda ley de la termodinámica que dice que un cuerpo más frío no puede calentar a uno más caliente sin compensación. Los gases invernadero en la fría atmósfera superior (recordemos que la alta troposfera puede estar a -70ºC)no pueden transferir calor a la tierra, ya que ésta está más caliente. El efecto invernadero, según esta interpretación, sería análogo a abrir la puerta de la calle de una casa en un frío día de invierno y esperar a que pasase calor hacia dentro de la casa desde el exterior. Evidentemente, como dictan las leyes de la física y también el sentido común, lo que pasa es justo lo contrario: el calor de la casa sale hacia la calle, rebajando la temperatura del interior y aumentando (por supuesto, muy poco)la temperatura en el exterior.
Los gases invernadero, por tanto, lo que hacen en realidad es radiar el calor que absorben al espacio exterior, que es lo que está más frío.

Referencias:
- Gerlich, G.; Tscheuschner, R.D. 2009. Falsification of the atmospheric greenhouse effects within the frame of physics. Int.J.Mod.Phys. B23:275-364,2009 DOI: 10.1142/S021797920904984X http://arxiv.org/abs/0707.1161