miércoles, 25 de enero de 2012

Las abejas y el cambio climático

Miel, cera, polen, flores… abejas. Imágenes que evocan naturaleza, primavera, feraces prados y cantarinos arroyos, imágenes que nos despiertan ideales bucólicos y pastoriles de una arcadia feliz.
Nada más fácil para sembrar alarma que avisar de un inminente desastre en este paisaje idílico: ¡las abejas se mueren por el cambio climático! ¿quién polinizará las bellas flores, qué pasará con la dulce miel?
Pues no, tampoco esta vez era culpa del cambio climático. Resulta que las abejas, como todo bicho viviente, tienen sus parásitos y depredadores, entre ellos la varroa, un ácaro parásito que ha causado multitud de problemas debido a la mala costumbre que tiene de chuparles la hemolinfa a estos insectos cuando están más indefensos, en fase de pupa, un estadio silente de su metamorfosis, a mitad de camino entre la larva y la abeja adulta (imagen de abajo).

Pero tienen más enemigos hasta ahora desconocidos: se ha descubierto en América una mosca parásita que está haciendo estragos en las colmenas. La mosca en cuestión pone huevos en el interior del cuerpo de abejas adultas (imagen de abajo)

Sus larvas se van comiendo a la abeja por dentro hasta que la matan y salen del cadáver (imagen siguiente) para pupar y convertirse en moscas adultas, que se aparearán y buscarán otras abejas para poner sus huevos, cerrando así el ciclo.


Las abejas siguen la estela del oso polar, las medusas, los anfibios, los lagartos y tantas otras especies que han sido usadas para meternos miedo con el cambio climático, especies que, se nos ha dicho, estaban disminuyendo (las “buenas”) o aumentando (las “malas”) como consecuencia del calentamiento global. En todos y cada uno de los casos, sin embargo, se demostraba posteriormente que la variación en su número no era debida al cambio climático sino a la caza abusiva, sobrepesca, enfermedades, parásitos, captura como mascotas etc.
Raramente este descubrimiento posterior de que sus verdaderas causas no tienen nada que ver con el cambio climático, sale en la prensa generalista, la misma prensa que sí se apresuró a destacar en primera plana la alarma zoológica de turno cuando era el calentamiento global lo que se esgrimía como causa.
(moscas parásitas en WUWT aquí):)
Imágenes de varroa:
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi9MadcHZlXWG2O93m-6Gg2AsV1i3Dhyphenhyphen64dzk4uq0YYf4h99b4_ouGudUHOm_SqR2eASr0HlUpvzXjxMaFY8AUs6rhfGQOuTLzvgrh74DKALQRLIFs2VpQUqVxa0KyJ0OHVo58ozd7rrV7P/s1600/F8-varroa-on-pupa.jpg

martes, 17 de enero de 2012

Gradualismo y saltacionismo en el clima



A principios del siglo XIX, un debate polarizaba el mundo científico de la época: en un bando se situaban los catastrofistas, con el francés Georges Cuvier (imagen derecha)a la cabeza, y en el otro los gradualistas, con el geólogo escocés Sir Charles Lyell (izquierda) como abanderado.
Cuvier, llamado el padre de la paleontología por sus estudios con fósiles, describía una historia geológica en la que existían largos períodos de estabilidad, en donde las especies permanecían invariables, seguidos de gigantescos eventos catastróficos que exterminaban las especies antiguas. Tras la extinción masiva, Dios creaba una nueva colección de especies que permanecían invariables hasta la siguiente gran catástrofe.
Lyell y los gradualistas, en cambio, no creían en grandes catástrofes, para ellos la historia del mundo es progresiva, gradual, sin más ni mayores catástrofes de las que podemos observar en la actualidad. El gradualismo cree que no hay necesidad de acontecimientos extraordinarios para explicar lo que se ve en los estratos de roca.
La balanza se decantó del lado de los gradualistas a mitad del siglo XIX, fundamentalmente gracias a la enorme influencia de las ideas de Charles Darwin, gradualista convencido.
Darwin explicaba su teoría evolucionista a partir de pequeños cambios, pequeñas diferencias mantenidas en el tiempo. Hasta las extinciones son graduales. Para Darwin, no existen extinciones masivas ni nada que se le parezca.

Tuvieron que pasar más de 100 años para que se atacase de manera efectiva el paradigma gradualista: en la década de los ’70 del siglo pasado, Niles Eldredge (en la imagen) y Stephen J. Gould elaboran su teoría de los equilibrios puntuados o teoría “saltacionista”. Estos paleontólogos, con muchísimos más datos de fósiles y geológicos de los que tuvo jamás Darwin, confeccionan una nueva teoría, similar en muchos aspectos a la catastrofista de Cuvier, pero que no rechaza de plano las ideas darwinistas: para ellos las especies evolucionan por selección natural, tal y como creía Darwin, pero esta evolución no es un proceso gradual y continuo, sino brusco y discontinuo, es decir, “a saltos”, un proceso en el que se alternan largos períodos de estasis, con poco o ningún cambio en las especies, con cortos períodos de crisis que ocasionan grandes extinciones, seguidos de rápida evolución y diversificación de las especies supervivientes, lo que genera nuevas especies adaptadas a los ambientes que han dejado libres las especies extintas, y vuelta a empezar.
Los descubrimientos, en la década de los ’80 de extinciones masivas al final de la era de los dinosaurios por los americanos Luís y Walter Álvarez (padre e hijo, cuya familia es de origen asturiano, en la imagen Walter), atribuidas al choque de un gran meteorito o asteroide, refuerzan las teorías de Eldredge y Gould. Hoy en día, la mayoría de los científicos creen en las extinciones masivas.
Pero, ¿son solo caídas de objetos celestes las que causan las extinciones o hay algo más?
Lo cierto es que, entre las grandes extinciones hay otras, no tan masivas ni tan globales, que podrían atribuirse a catástrofes de otro tipo, como supervolcanes, supernovas y grandes cambios climáticos de origen aún desconocido.
Si afinamos más, podemos ver que, incluso en los periodos de aparente estabilidad, se produce alguna extinción aislada, así como cambios en la distribución de muchas especies, algunos de ellos bruscos.
Por otro lado, si miramos al registro de temperaturas globales o a las temperaturas sacadas de los núcleos de hielo glaciar de la Antártida y Groenlandia, lo que vemos es un conjunto de picos y valles a veces muy profundos, en nada comparables a cambios graduales y sí a saltos. Estos cambios bruscos se pueden observar también en ciclos solares y registros oceánicos.
Es decir, que el viejo paradigma del gradualismo está en franco retroceso hoy en día.
Si se miran los registros a la luz del nuevo paradigma saltacionista se da uno cuenta de que la obsesión por las medias no tiene mucho sentido en el mundo real, ya que la media es un estadístico más, un valor que raramente tiene existencia salvo en breves instantes, y que solo sirve para hacernos una idea muy burda, muy “grosso modo”, de la realidad. Es mucho más útil y práctico ver la evolución de la temperatura a nivel regional e incluso local, pero si insistimos en querer conocer la temperatura global por aquello del miedo a la subida del nivel del mar, el deshielo de los glaciares o cualquier otra supuesta amenaza, deberíamos también intentar mirar las gráficas a la luz del nuevo paradigma: no tanto con rectas de regresión y tendencias lineales (la “brocha gorda” que nos proporciona poca información, y que además suele ser fácil de manipular por unos y por otros) como con escalones, saltos bruscos que nos llevan a períodos de relativa estabilidad, más cálidos o más fríos (ver aquí un ejemplo en la temperatura superficial oceánica por Bob Tisdale).


En realidad no es extraño que así suceda, dado que el clima tiene mucho de caótico y los sistemas caóticos suelen tener “atractores” (imagen: atractor de Lorenz), es decir, situaciones más o menos estables alrededor de los cuales gira u oscila el sistema durante un tiempo para cambiar bruscamente a otro nivel buscando otro atractor, alrededor del cual oscilará el sistema en un nuevo periodo de estabilidad antes del siguiente salto (ver aquí:).

sábado, 31 de diciembre de 2011

¿Hay otras soluciones al cambio climático?


En la propaganda que nos cuelan un día sí y otro también las diversas instituciones que promueven la teoría del cambio climático de origen humano, está de moda ahora incidir sobre el aumento de catástrofes naturales supuestamente extraordinarias que éste produce (incendios forestales, inundaciones, olas de frío y de calor, nevadas etc.), para, a continuación ofrecernos su solución: reducir emisiones de algunos gases de efecto invernadero (digo algunos porque no se incluye nunca al más importante de todos, el vapor de agua), en especial el CO2.
Para reforzar el mensaje, se nos amenaza con el riesgo que supone el no hacerlo ya, inmediatamente, no sea que superemos el umbral mas allá del cual no hay arreglo posible, umbral que, dicho sea de paso, cada vez cambian de fecha: primero dijeron 2008, para a continuación pegarle una patada adelante a la bola y señalar el 2011, ahora nos lo fijan para el 2016 o 2020…
Nos dicen que la suya es la única solución posible, que no hay alternativas, pero ellos saben perfectamente que:

1. Sí hay otras soluciones posibles
2. Estas otras soluciones son mucho más baratas
3. Y sobre todo, la teoría en que se basan no está respaldada por las observaciones del mundo real, antes al contrario, ha sido desmentida ya por cada vez más numerosas contradicciones y divergencias entre los datos observados realmente y los esperados (aquí la última ) aplicando los modelos matemáticos de ordenador que la utilizan como base.

Veamos algunas de estas soluciones:
Ellos suponen que los desastres vienen por el excesivo calentamiento del planeta, ¿no?
Bueno, pues una de las posibles soluciones sería enfriar la Tierra mediante geoingeniería: se han propuesto numerosas actuaciones posibles: pintar calles, carreteras y tejados con pintura blanca para aumentar la reflectividad de la superficie disminuyendo así la absorción de energía solar, poner en órbita paneles que reflejen luz solar y nos den sombra, sembrar de hierro la superficie de los océanos para que aumente la población de algas del fitoplancton que absorban el CO2, etc.
Está claro que poner en práctica estas soluciones requeriría realizar muchas pruebas y superar muchas dificultades pero también está claro que todas tienen un punto a su favor: nos saldrían más baratas, con una diferencia de varios órdenes de magnitud, que la depresión económica profunda que supondría para la humanidad suprimir o disminuir drásticamente la utilización de los llamados combustibles fósiles (ver aquí ).

Otra de las posibles soluciones sería mitigar el riesgo haciendo frente a los cambios que se pudieran producir. Los factores que habría que estudiar para ello, (según Calvo et al. 2009) serían tres:

1) La peligrosidad del evento, definida como la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno cuya severidad lo hace potencialmente dañino en un lugar determinado y dentro de un intervalo de tiempo específico
2) La vulnerabilidad de la sociedad: es el grado de eficacia que tiene una sociedad para hacer frente a los cambios o adaptarse a ellos. La vulnerabilidad es menor cuanto más rica es una sociedad.
3) La exposición: es el total de personas y/o bienes expuestos a un determinado riesgo.

Actuando sobre cualquiera de estos factores o sobre todos a la vez, se puede reducir el daño que causan los eventos catastróficos de forma mucho más efectiva y barata que intentando cambiar el clima de toda la Tierra.
Un ejemplo de actuación sobre la exposición sería prohibir la construcción de viviendas y otros edificios en zonas inundables cercana a los ríos o en zonas al pie de laderas susceptibles de tener deslizamientos de tierras.
Un ejemplo de actuación sobre la vulnerabilidad sería crear o perfeccionar cuerpos de voluntarios de protección civil adiestrados para hacer frente a los desastres naturales carcterísticos de cada zona: terremotos en áreas sísmicas, inundaciones , aludes, etc.
Un ejemplo de actuación sobre la peligrosidad sería encargar estudios y mapas de riesgo que cuantifiquen los peligros característicos en cada zona, para poder priorizar la asignación de recursos a las áreas más susceptibles y optimizar las actuaciones necesarias.

Conclusión: Aunque nos creamos a los agoreros que pronostican un aumento de desastres naturales en un futuro próximo, hay muchas formas de luchar contra ello, siendo la más cara e inefectiva, a tenor de los resultados de las cumbres climáticas de la ONU, la que nos proponen los burócratas y espabilados que viven del cuento del cambio climático antropogénico. De todos modos, si yo tuviera que optar por una solución lo haría sin duda por la tercera, es decir, mitigar las catástrofes localmente allí donde ocurren por las siguientes razones:
En primer lugar porque es la más barata, está ya probada y es efectiva, y en segundo lugar, porque las catástrofes naturales van a seguir produciéndose sí o sí, aunque no se produzca ningún cambio en el clima, así que el dinero en ningún caso se desperdiciaría, cosa que sí podría pasar con las otras dos opciones, ya que:
En primer lugar las otras dos opciones son mucho más caras (en especial la de cambiar el clima), no están probadas y no se sabe si serían efectivas, y en segundo lugar, si la teoría es incorrecta (que lo es), se podría producir un enfriamiento del planeta, lo que causaría muchos más daños que el calentamiento, es decir, el remedio podría ser mucho peor que la enfermedad.
Referencias: Calvo, D. Molina, M.T.; Salvachúa, J. (2009) Ciencias de la Tierra y Medioambientales 2º Bachillerato. Ed. McGraw-Hill

domingo, 11 de diciembre de 2011

La hoja de ruta climática de la ONU en Durban según Monckton



Christopher Walter Monckton es un politico conservador británico, antiguo asesor de Margaret Thatcher, que se ha especializado en temas de cambio climático y es conocido por su gran conocimiento del tema y su postura en contra de las tesis oficiales de calentamiento global causado por el Hombre. Nos manda una crónica desde Durban, donde se celebra la convención climática anual de la ONU, destapando lo que no nos cuentan los medios de información de masas. Voy a intentar resumir sus principales conclusiones. (aquí el original en inglés):
En un documento de 138 páginas, los activistas climáticos exponen las siguientes acciones que pretenden que realicen los países que lo firmen:
1. Tribunal climático: Crear un tribunal climático internacional con poderes para obligar a los países occidentales a pagar enormes sumas de dinero en compensación por supuestas “deudas climáticas” con los países del tercer mundo. Por supuesto, ese tribunal no tendrá ningún poder sobre estos últimos, sólo afectará a los desarrollados.
2. Derechos de la “Madre Tierra”: Los países reconocerán y defenderán supuestos derechos de la Madre Tierra según los proponentes “para asegurar la armonía entre la humanidad y la naturaleza”
3. Derecho a sobrevivir: derecho de algunos grupos humanos supuestamente en peligro por la subida del nivel del mar (que no se está produciendo, de hecho lleva dos años bajando) y otros impactos derivados del cambio climático.
4. Guerras: las guerras y el mantenimiento de fuerzas de defensa, deben cesar (no se sabe muy bien a qué cuento ponen esto aquí, dado que no hay ninguna guerra actualmente por cuestiones climáticas).
5. Nueva meta de temperatura global: limitación de la temperatura global a 1 ºC por encima de los niveles preindustriales (como en los siglos inmediatamente anteriores a la era industrial estábamos en plena pequeña edad de hielo, la temperatura media global era 3 ºC más baja que la actual, esto significa que los proponentes quieren que la temperatura quede 2 ºC por debajo de la actual, es decir, más frío, ¡que es mucho más peligroso que el calor!)
6. Nueva meta de emisiones: -pero solo para países occidentales- con una reducción de emisiones de hasta el 50% en los próximos 8 años y ¡de más del 100%! para 2050 (es decir, no más gasolina, no más coches, no más aviones, no más trenes, no más barcos, no más gas en nuestras cocinas y calefacciones, etc., o sea, vuelta a la edad de piedra pero sin poder encender fuego en nuestras cuevas!)
7. Nueva meta de 300 ppmv (ppmv=partes por millón en volumen) de concentración de gases invernadero: como ahora estamos en 560 ppmv de gases (incluyendo las 390 ppmv de CO2 y el resto los otros gases en unidades equivalentes de CO2), esta meta significaría bajar a 210 ppmv de CO2 más 90 ppmv de los otros gases (lo que dificultaría a las plantas conseguir el CO2 necesario para sobrevivir, ya que por debajo de 150 ppmv las plantas mueren, el óptimo de la mayoría de los vegetales está por encima de 1.200 ppmv, así que la concentración de 210 ppmv está peligrosamente cerca del límite inferior de supervivencia de las plantas, por lo que su crecimiento y productividad menguaría con respecto a la actual. Resultado: menos comida y más hambre para el tercer mundo y para toda la biosfera).
8. El año tope para seguir aumentando emisiones: es este año, (por lo que deberíamos reducir emisiones en plena crisis económica).

Por último, señalar que Occidente pagaría todo, se habla de 100.000 millones de dólares anuales, dinero que administraría la ONU, por supuesto (el que parte y reparte…)

jueves, 8 de diciembre de 2011

Las cumbres climáticas: ¿científicas o políticas?


Es curioso cómo se trata el tema de las cumbres climáticas en los medios de comunicación españoles: mientras unos periódicos ponen la noticia en la sección “sociedad” como El País o el ABC, otros la incluyen en la sección “ciencia” como El Mundo y Público.
Las cumbres del clima empezaron siendo unas reuniones de unas 2.000 personas a mediados de los ’90 para pasar a ser megaconferencias con más de 20.000 representantes pertenecientes a 195 países. Pero no están solo los países: a estas reuniones van también representantes de las ONGs ambientalistas, o lo que es lo mismo, van grupos de presión, lobbys internacionales que, como todos los grupos de presión, apoyan sus intereses particulares.
Al decir del anterior responsable máximo de estas megacumbres, el holandés Yvo De Boer (ver aquí) “el cambio climático está tan relacionado con los intereses económicos que la negociación necesita empuje al máximo nivel” Y es por eso que convocaron hace dos años, en la cumbre climática de Coopenhague, a los presidentes de los países más poderosos del mundo. Lógicamente, cuando son los políticos los que negocian, se habla mucho de política y economía y poco (por no decir nada) de ciencia.
En la cumbre del año pasado en Cancun (México), unos estudiantes americanos pasaron un cuestionario de recogida de firmas a los asistentes para prohibir una pretendida sustancia letal: el “monóxido de dihidrógeno”. Según este cuestionario, la sustancia era mortal por inhalación, el componente principal de la lluvia ácida, su exceso producía miles de muertos al año etc. etc. Por supuesto, la inmensa mayoría de delegados firmaron la petición, sin percatarse de que estaban firmando que se prohibiera el agua (H2O, es decir, químicamente monóxido de dihidrógeno) lo cual demuestra que los delegados que van a esas cumbres no son precisamente científicos sino más bien políticos y funcionarios o empleados públicos, puestos a dedo en la mayoría de ocasiones, y que poco tienen que ver con la ciencia.

Entonces, ¿por qué algunos periódicos siguen incluyendo estos encuentros en la sección de ciencia?
En mi opinión la razón fundamental es que se está utilizando la ciencia para hacer descaradamente política.

Desgraciadamente, los acuerdos que se toman en esas cumbres, nos afectan a todos, ya que los esfuerzos económicos que implican son milmillonarios, perfectamente capaces de llevar a un país a la ruina si se hiciese caso de las pretensiones de algunos.
Por ejemplo, solo el coste de los derechos de emisión de CO2 en España, derivados del tratado de Kyoto será, según fuentes del Ministerio de Medio Ambiente, de 500 millones de euros a pagar por el sufrido contribuyente antes de 2014, siempre que no suba en el mercado el coste de la tonelada de CO2, que ahora está bajo mínimos, si esto sucede podría incluso doblarse.
Por otro lado, algunas empresas industriales se lucran vendiendo derechos de emisión de CO2 que les sobran debido al parón económico (ver aquí).
Y no hablemos ya del dispendio de las energías alternativas, que seguimos subvencionando con dinero público en plena crisis económica, lo que encarece el recibo de la luz (ya se habla de una nueva subida del 25% el año que viene) y hace perder competitividad a nuestras empresas. Mientras, nuestros principales competidores mundiales, al no estar sujetos a restricciones por no haber firmado el tratado de Kyoto (como Estados Unidos) o porque el mismo tratado los dejaba al margen (como Brasil, India y China), siguen produciendo bienes y servicios a precios baratos y emitiendo CO2 sin apenas restricciones.

De hecho, según la comisaria europea de Cambio Climático, Connie Hedegaard (ver aquí), los países que están dispuestos a firmar un nuevo tratado (el acuerdo de Kyoto termina el 2012) representan solo el 15% de las emisiones mundiales, ya que incluso se están descolgando países que lo firmaron anteriormente, como Canadá y el propio Japón.

Por último, hay que decir que estas conferencias son dudosamente democráticas, desde el momento en que están presentes las ONGs ambientalistas (en realidad multinacionales, muchas de ellas controladas por empresas petroleras) pero no otros grupos de presión, defensores de colectivos que se podrían ver también afectados: organizaciones de consumidores, sindicatos, empresarios, industrias no energéticas (que se ven afectadas por la subida de la energía) y, sí, también científicos no afectos al régimen , que los hay, y cada vez más, científicos que se ven sistemáticamente boicoteados, en sus publicaciones y aspiraciones de promoción profesional, por el lobby calentólogo y sus beneficiarios, que viven de la mamandurria del cambio climático, y que ven peligrar sus privilegios cuando se habla de ciencia de verdad.

martes, 22 de noviembre de 2011

Fenómenos extremos, el ultimo refugio alarmista


Parece que a los alarmistas ya no les queda sino recurrir a los desastres locales para seguir metiendo miedo. Ahora se descuelgan los James Hansen y compañía (ver aquí) intentando atemorizar al personal con las olas de calor que ocurrieron últimamente en Rusia y Texas, olvidando que fenómenos extremos se producen todos los años, pero cada vez en un sitio diferente, y que la mayoría de ellos pasan desapercibidos porque, o bien no fueron registrados por ocurrir en lugares remotos, o bien se produjeron en sitios poblados pero hace más de 1-2 siglos (según los países, que es cuando empiezan a aparecer registros fiables.

Hay innumerables registros históricos de fenómenos extremos mucho más terribles que las últimas olas de calor, y con muchos más muertos (ver aquí, por ejemplo, un registro de huracanes durante el siglo XX). Por supuesto, los alarmistas no los citarán nunca, entre otras razones porque se produjeron lejos de los tiempos actuales (es decir, antes de 1950-1955, que son las fechas que los alarmistas designan como el comienzo de la preponderancia de la influencia humana en el clima por encima de las causas naturales) y, por tanto, incluso para ellos las causas son indudablemente naturales.

Es decir, los registros históricos de desastres son malos para la “causa” del calentamiento global, y digo causa en el sentido de “cruzada” o de “objetivo ideológico a alcanzar”, ya que eso es lo que muchos de ellos consideran que es, saltándose todas las reglas de la ciencia. Y si no me creen, observen (ver aquí) los e-mails que han aparecido en un servidor de Rusia, sin duda continuación de los famosos correos del “Climategate” aparecidos hace ahora dos años. No me ha dado tiempo de analizarlos con detenimiento, pero prometen.

¿Qué pasó con las alarmas de calentamiento global acelerado, subida del nivel del mar, aumento de huracanes etc. etc.? Parece que ya no les sirven. Quizás porque al gran público, poco a poco y a pesar de los esfuerzos en contra de los medios de “desinformación” masiva, le empiezan a llegar ya las noticias de que los huracanes no han aumentado (al contrario, han disminuido, ver aquí), de que el calentamiento global hace más de 12 años que paró y no tiene pinta de volver a remontar en una larga temporada, más bien al contrario (ver todos los registros globales aquí), y de que el nivel del mar no solo no sube, sino que lleva ya dos años bajando (ver aquí).

sábado, 5 de noviembre de 2011

Los orangutanes y los tigres en peligro por los biocombustibles


Leo en WUWT ( ver aquí) que según un estudio de la Universidad de Leicester, los cultivos de aceite de palma para fabricar Biodiésel emiten mucho más CO2 a la atmósfera de lo que se creía, hasta un 60% más que el CO2 que emitimos usando petróleo, lo que representa un serio revés para las políticas de fomento de estos combustibles basadas en el miedo al efecto invernadero del CO2, políticas que aplican la Unión Europea y otros países desarrollados haciendo creer a la población que esos productos son más “ecológicos” y con menos emisiones de CO2 que el petróleo y sus derivados.
Por si esto fuera poco, el incremento del área cultivada para estos fines se produce a base de cargarse la selva tropical en países como Indonesia, lo que produce una tremenda pérdida de biodiversidad y amenaza la existencia de especies en peligro de extinción como los orangutanes y el tigre de Sumatra
El aumento en la producción de CO2 está asociado a la descomposición de materia orgánica en las turberas que se emplean para estos cultivos: los microorganismos degradan la materia orgánica produciendo CO2 que se escapa a la atmósfera.
Conclusión:
Durante años nos han intentado vender el pretendido peligro del aumento del CO2 en la atmósfera para colarnos sus maravillosas y ecológicas soluciones al realmente inexistente problema, en forma de energías “limpias”, entendiendo como limpias aquellas que no emiten CO2 o que emiten menos que los combustibles fósiles. Ahora resulta que es peor el remedio que la enfermedad: esas energías no son tan “limpias” después de todo. En realidad sí lo son, puesto que el aumento del CO2 es beneficioso para la vida vegetal. Pero lo que no son en modo alguno, debido la destrucción de las selvas tropicales que implican, es “ecológicas”.