sábado, 24 de marzo de 2012

Reflexiones sobre el coste de la energía en España



Estos días se oye hablar mucho en la prensa española del déficit de tarifa y la posible subida de precio de la electricidad. Se publican los diferentes conceptos que pagamos en el recibo (ver aquí y aquí ) y resulta que nos enteramos (algunos ya lo sabíamos, por supuesto) de que más del 50% son peajes e impuestos, es decir, costes políticos derivados de las diferentes agendas que los sucesivos gobiernos han ido imponiendo para financiarse (con los impuestos) y financiar a enchufados y empresas afines (con las primas a las renovables), aprovechándose de la dependencia que tenemos del fluido eléctrico para desarrollar casi cualquier actividad en nuestras muy cableadas sociedades.

Resulta que nuestros políticos, no contentos con imponernos el precio de la energía eléctrica más caro de la Unión Europea (si exceptuamos Chipre y Malta por evidentes razones insulares), parece que nos quieren endosar una subida (otra más) del 7% para abril de este año (ver aquí), con la excusa de que hay que reducir el tremendo déficit de tarifa.
Hay que recordar que el déficit de tarifa (ver aquí para más datos), teóricamente, es la diferencia entre los costes reales de la electricidad y los que paga el abonado, diferencia que no ha hecho más que crecer desde que se instauró y que ahora rondará los 27.500 millones de euros (dicen que son “solo” 24.000 millones pero esos cálculos no tienen en cuenta los últimos meses), un enorme agujero contable que nos genera cuantiosos intereses y que, de no tomar medidas, se verá incrementado inexorablemente año a año.
Ante esto, yo me pregunto:

1º ¿Por qué se instauró originariamente el déficit?.

Mi respuesta es:
Porque al Gobierno de entonces (el PP de Aznar a finales de los ‘90) se le planteó una disyuntiva ante la subida del coste de la energía:

a) O afrontaba una impopular subida del recibo de la luz
b) O instauraba un nuevo modelo de cálculo del coste de la electricidad más beneficioso para el usuario-contribuyente
c) O tiraba por la calle de en medio y dejaba a deber esa cantidad para que la pagaran futuras generaciones, y que otros gobiernos resolvieran el problema, aplicando el dicho “el que venga detrás que arree” (que es lo que al final hizo).

Hay que recordar aquí que la manera en que se calcula el coste de la energía es retribuyendo todo al precio de la fuente energética más cara en el mercado, que resulta ser el gas. Es decir, si, por ejemplo, el gas tiene un precio hoy de 50 euros el megavatio, el Estado paga 50 euros por megavatio a todas las compañías, independientemente de que generen la electricidad con gas o con otras fuentes más baratas (nuclear, hidroeléctrica o carbón, debido a que las presas y centrales nucleares están amortizadas y el carbón de importación es más barato que el gas), son los llamados “beneficios llovidos del cielo”, con los que se han lucrado las eléctricas a nuestra costa durante años y años.

2º ¿Qué pasó después? ¿Resolvió el Gobierno del PSOE el problema?

Mi respuesta: No sólo no lo resolvió sino que lo agravó aun más mediante las primas a las renovables, que dispararon el déficit de tarifa hasta las estratosféricas alturas en que se encuentra hoy.

3º ¿Qué va a hacer el Gobierno actual?
Mi respuesta: Por lo que parece, seguirá subiéndonos la luz.

Por último, cabe preguntarse:

4º ¿Qué debería hacer el Gobierno si de verdad quisiera resolver el problema del déficit de tarifa de la manera menos costosa para el usuario-contribuyente?

En mi opinión, debería:
1. Suprimir todas las primas a las renovables
2. Bajar los abusivos impuestos (en torno al 20%) que pagamos en el recibo
3. Instaurar una verdadera competencia entre las eléctricas, dando paso a compañías extranjeras y liberalizando el sector.
4. Decretar un canon a pagar por la utilización de presas con fines hidroeléctricos.
5. Suprimir las ayudas al carbón nacional
6. Modificar a la baja el sistema de cálculo de precios para que tenga en cuenta el menor coste de las energías hidroeléctrica y nuclear

Dejo para otra entrada explicar mis propuestas.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Resuelto el misterio de la Joven Dryas



Corrientemente creemos que la época cálida en que nos encontramos, el Holoceno, empezó hace 11.600 años, cuando se terminaron de derretir los grandes mantos de hielo que cubrieron Europa y Norteamérica durante los 100.000 años que duró la última era glacial.
Pero los hielos empezaron a derretirse mucho antes, de hecho, las temperaturas comenzaron a subir poco a poco ya hace 20.000 años. Como consecuencia, hace 13.000 años los hielos estaban ya en franco retroceso, es decir, estábamos a punto de entrar en la era cálida, el interglaciar que hemos llamado Holoceno y en el que aún nos encontramos.
Sucedió entonces un fenómeno extraño: hace 12.900 años la Tierra sufrió un brusco retroceso del calentamiento, una vuelta rápida al frío intenso, otra vez avanzaron los glaciares y, durante un periodo de 1.300 años más, volvimos a tener temperaturas propias de la época glacial.
A este último evento de enfriamiento le llamamos el Dryas Reciente o La Joven Dryas, porque las llanuras bajas de Europa se volvieron a cubrir de una flor de clima frío, la Dryas octopetala, que hoy día solo crece en las cumbres de los Alpes y que, antes del evento, ya había sido sustituida por otras de climas más cálidos en las zonas bajas.
¿Qué ocasionó este último espasmo glaciar?. Se apuntaron muchas hipótesis, entre ellas la que le gusta a los calentólogos, es el desagüe del lago Agassiz, un antiguo y enorme lago glaciar situado en Norteamérica, que piensan pudo vaciarse abruptamente en el Atlántico Norte, debido a la rotura de una presa glacial, cortando la corriente del Golfo y produciendo el enfriamiento global.

Pero no se han encontrado los restos de tal desagüe catastrófico y sí, en cambio, los restos de un choque extraterrestre: Similarmente a lo que ocurrió hace 65 millones de años cuando se extinguieron los dinosaurios, se encontró, en los sedimentos geológicos correspondientes al inicio de este periodo frío, una capa con elementos y partículas extrañas, destacando entre ellas los nanodiamantes, unos diamantes de tamaño microscópico de un tipo especial que solo se forman con un fortísimo impacto, lo que hizo pensar en la caída de un asteroide o cometa.

El objeto que impactó debió ser lo suficientemente grande como para producir una pequeña glaciación, de más de mil años, que se llevó por delante los últimos mamuts, los tigres de dientes de sable y otras especies de megafauna que habían resistido muy bien los grandes fríos del máximo de la era glacial, pero que se extinguen inexplicablemente en ese crucial momento.


Se tenían ya muchas pruebas a favor de esa hipótesis, pero faltaba la prueba definitiva: encontrar el cráter del impacto. Y eso es lo que parece ya han encontrado los científicos del Instituto Geológico de Estados Unidos en el centro de México, concretamente en el Lago Cuitzeo (ver aquí). En este lago, hay huellas de lo que sería un enorme cráter de impacto producido exactamente hace 12.900 años, justo cuando comenzó el Dryas Reciente, y que cuenta con los nanodiamantes y otras partículas de origen extraterrestre de la misma edad que se habían encontrado ya en otros muchos lugares.

Las implicaciones que tiene esto son que el periodo interglaciar en el que nos encontramos, si son ciertas las teorías actuales de los ciclos orbitales de Milankovitch, astronómicamente tiene, en realidad, unos 12.900 años y no los 11.600 que han pasado si nos atenemos solo al aumento final de temperatura. Así, si tenemos en cuenta que los interglaciares duran una media de 10.000 años, eso nos coloca mucho más cerca del inicio de la próxima gran glaciación de lo que creíamos hasta ahora.

sábado, 25 de febrero de 2012

Un gigante con pies de barro



Es curioso cómo, tanto los autodenominados progresistas como los más acérrimos defensores del capitalismo se apuntan al carro del cambio climático antropogénico juntos, sin ver en ello contradicción alguna.

En efecto, remando en el mismo barco encontramos:

A estribor (derecha mirando desde la popa), el bando capitalista:
- Grandes multinacionales energéticas, propietarias de gigantescos parques eólicos y termosolares.
- Empresas propietarias de centrales nucleares (a menudo las mismas que las anteriores)
- Pequeños accionistas locales que, a base de influencias (y se rumorea que algunos mediante sobornos de hasta 30 millones de euros), han obtenido concesiones para construir huertos solares fotovoltaicos que les dejan pingües beneficios.
- Corporaciones financieras de enorme poder, propietarias de empresas de intermediación y compraventa de derechos de emisión de CO2, que aumentan sus ganancias literalmente vendiendo humo.

A babor (izquierda), el bando progre:
- Ecologistas iluminados, que se creen portadores de verdades absolutas con las que van a salvar el mundo del apocalipsis climático, y que son la carne de cañón, los activistas que hacen el trabajo sucio para los siguientes.
- Ecolojetas metidos a directivos de ONGs y partidos políticos verdes, que saben perfectamente que no pasa nada con el clima, pero que cobran cuantiosos emolumentos de las multinacionales que los subvencionan y de los ingenuos particulares que se afilian a ellos y pagan cuota, creyendo que así expían sus pecados contra el planeta por comer carne de vaca, ir en coche o tirarse pedos.
- Académicos de renombre que, unos luciendo estética de Indiana Jones y otros con traje y corbata, se apuntan a presentar carísimos proyectos de investigación, en la confianza de que se los van a financiar las multinacionales o los propios estados, proyectos con los que promocionan sus carreras y engordan sus carteras.

Hasta ahora este barco ha sorteado con éxito los pequeños escollos representados por los pocos científicos escépticos que osan oponerse a la pantagruélica máquina político-mediática que apoya el mito del calentamiento global.

Pero no las deben tener todas consigo, porque la realidad es muy tozuda y, en la era de Internet y las comunicaciones electrónicas, hasta un pequeño David, como el Heartland Institute, con un raquítico presupuesto de 8 millones de dólares, puede desestabilizar el tremendo ídolo dorado, soportado por estados e instituciones, con presupuestos cientos o incluso miles de veces mayores ya que, como en la fábula,
El gigante tiene los pies de barro.
Así que se dedican a intentar desacreditar a estas instituciones acusándolas de los mismos pecados que cometen ellos (cree el ladrón que todos son de su condición), y si no encuentran nada raro, directamente se lo inventan como en el caso del ultraecologista Peter Gleick del Pacific Institute, en Oakland, California
El caso se puede seguir en Plazamoyua (ver aquí)
Por si acaso la plebe abre los ojos, ya están dando a la creencia en el cambio climático antropogénico, el estatus de religión, con confesionarios y todo, no sea que se les acabe la mamandurria y el vivir del momio
Por cierto, yo no cobro un duro por este blog
(ver aquí)

lunes, 20 de febrero de 2012

Ola de frío siberiano en Europa


¿Es la ola de frío que ha asolado Europa estos últimos días un fenómeno habitual?

Veamos algunos datos:
En Bélgica, es la ola de frío más larga en 70 años
En Podgorica (Montenegro) es la nevada más grande en 50 años
En la ciudad de Palma de Mallorca (Islas Baleares, España), es la mayor nevada desde 1956 (52 años, ver aquí)
Según la agencia de información de clima y energía Point Carbon, del grupo Thomson Reuters, la situación que afronta Europa no se había visto desde hace 26 años
Nevadas excepcionales en los países de los Balcanes y los Cárpatos: en las zonas montañosas hay acumulaciones de hasta 5 metros. Las temperaturas están entre -10 y -20ºC (ver aquí)
El Danubio congelado: El tráfico fluvial en el Danubio, congelado en la mayor parte de su curso en Austria, Croacia, Serbia, Hungría, Rumania y Bulgaria.
El Coliseo de Roma cerrado por la nieve: En la capital italiana, miles de turistas se han sentido decepcionados al descubrir que el Coliseo, una de las atracciones más populares de la ciudad, está cerrada a los visitantes. Algunos de los turistas no entendían por qué el Coliseo estaba cerrado, para las personas de los países del norte, la nieve no es un problema, pero las autoridades advierten que: “es muy inusual para nosotros y causó el desprendimiento de polvo, cemento y ladrillos. Pequeñas cantidades, pero si se caen desde una cierta altura, puede ser peligroso (ver aquí)
En el Mar de Azov, barcos atrapados por el hielo (ver aquí): Más de 100 barcos atrapados en el Mar de Azov con temperaturas de -25ºC
En Turquía, más de 2.000 carreteras bloqueadas por la nieve (ver aquí)
Georgia congelada: Hacía 50 años que los habitantes de la capital georgiana no veían congelados el embalse de Tiflis y el Kurá, el río que cruza la ciudad.

Desde luego, una ola de frío que causa más de 600 muertos (ver aquí) no es un fenómeno habitual, pero no es tampoco un fenómeno que pueda ser calificado de único.
De hecho, es de lo más normal que cada cierto tiempo, digamos 25-30 años, se produzcan estas entradas de aire siberiano: la anterior, de parecidas dimensiones, se produjo en 1985 y otra más importante aún se produjo en 1956.
Por supuesto,lo que la debería haber hecho excepcional (si nos creyéramos a los científicos oficiales, calentólogos todos ellos) es el calentamiento global, que se supone iba a volver menos frecuentes las nevadas y las olas de frío, al mismo tiempo que volvía más frecuentes las olas de calor.
Pero el calentamiento global, que sin duda se produjo a finales del siglo XX, terminó en 1998 y, aunque las temperaturas son aún algo más altas que la media de los últimos 100 años, la tendencia es a que vuelva el tiempo que tuvimos en los años ’70 y ’80 del pasado siglo y, si hacemos caso a los científicos que estudian el sol, el enfriamiento será más profundo aun que el ocurrido en la década de los ’70, ¿quizás una nueva mini edad de hielo?

sábado, 4 de febrero de 2012

Abdussamatov: el gran frío comienza en 2014



El director del Observatorio Astronómico de Pulkovo (San Petersburgo, Rusia) y responsable de la parte rusa de la Estación Espacial Internacional, Dr. Habibullo I. Abdussamatov, ha publicado un nuevo artículo (pinchar aquí) en la revista científica Applied Physics Research. En él predice la entrada del planeta en una nueva pequeña edad de hielo a partir de 2055, situando el inicio del enfriamiento en 2014.

Veamos en qué se basa:

En primer lugar, él afirma que la irradiación solar total (TSI en sus siglas inglesas) es, en último extremo, la causa que conduce el clima global de la Tierra.
En segundo lugar, sostiene que la variación de la TSI tiene dos componentes: uno la variación en el ciclo solar de once años y otro el componente bicentenario: cada doscientos años aproximadamente, la TSI desciende hasta niveles muy bajos en los mínimos del ciclo solar.
En tercer lugar, dado que la variación de la TSI es relativamente pequeña y no puede explicar por sí sola los cambios de temperatura que se sucedieron en el pasado, se apoya en dos conocidos mecanismos de amplificación secundarios: el albedo (la radiación que refleja la Tierra) y el efecto invernadero.

El mecanismo de actuación sería el siguiente:

Cuando la TSI sube, la Tierra absorbe energía y la almacena, fundamentalmente en la capa superficial (200-500 m) de los océanos, ya que no puede liberarse de esa energía a la misma velocidad que entra, debido a la inercia termal del planeta. Esta energía extra hace funcionar los mecanismos secundarios (baja el albedo, por la menor cantidad de nubes y hielo y, al mismo tiempo, suben los gases de efecto invernadero por el aumento de la temperatura de los océanos, lo que produce liberación de vapor de agua -el principal gas invernadero, no lo olvidemos- y CO2). Esto termina elevando la temperatura global del planeta con un tiempo de retraso de unos 14 ± 6 años.
Cuando la TSI baja, lo contrario sucede, con el mismo tiempo de retraso.

Según esto, la subida de temperaturas acaecida en el siglo XX se debió a una subida de la TSI que finalizó en 1990, pero cuyos efectos se prolongaron hasta 2005, aproximadamente.
Desde 1990 hasta el presente, los dos componentes de la TSI, el del ciclo de 11 años y el bicentenario, están bajando de manera suave.
Si se puede predecir la variación de la TSI, se puede predecir también la dirección y amplitud de los próximos cambios de clima globales.

El científico lanza entonces su predicción:

La TSI seguirá bajando, pero de una manera mucho más acusada que hasta ahora, lo que nos llevará, en 2042 ±11 años, a un nuevo mínimo de actividad solar, de una profundidad y amplitud comparable al famoso mínimo de Maunder que, entre 1645 y 1715 ocasionó el periodo más frío de la pequeña edad de hielo de la edad moderna (ver la imagen al principio). La nueva pequeña edad de hielo sería la 19ª acaecida en los últimos 7.500 años y comenzaría en 2055±11 años (dado el retraso debido a la inercia térmica del planeta).
A partir de 2014, coincidiendo con el declive del ciclo 24 en el que estamos, entraríamos en un periodo de transición, que terminaría en 2055, en el que la temperatura global iría bajando progresivamente. Este periodo de transición será inestable, con la temperatura global fluctuando mucho.

¿Es acertada esta predicción? No lo sé, pero, desde luego, es mucho más creíble que las interesadas proyecciones del IPCC basadas en modelos de ordenador que se han demostrado falsos.

miércoles, 25 de enero de 2012

Las abejas y el cambio climático

Miel, cera, polen, flores… abejas. Imágenes que evocan naturaleza, primavera, feraces prados y cantarinos arroyos, imágenes que nos despiertan ideales bucólicos y pastoriles de una arcadia feliz.
Nada más fácil para sembrar alarma que avisar de un inminente desastre en este paisaje idílico: ¡las abejas se mueren por el cambio climático! ¿quién polinizará las bellas flores, qué pasará con la dulce miel?
Pues no, tampoco esta vez era culpa del cambio climático. Resulta que las abejas, como todo bicho viviente, tienen sus parásitos y depredadores, entre ellos la varroa, un ácaro parásito que ha causado multitud de problemas debido a la mala costumbre que tiene de chuparles la hemolinfa a estos insectos cuando están más indefensos, en fase de pupa, un estadio silente de su metamorfosis, a mitad de camino entre la larva y la abeja adulta (imagen de abajo).

Pero tienen más enemigos hasta ahora desconocidos: se ha descubierto en América una mosca parásita que está haciendo estragos en las colmenas. La mosca en cuestión pone huevos en el interior del cuerpo de abejas adultas (imagen de abajo)

Sus larvas se van comiendo a la abeja por dentro hasta que la matan y salen del cadáver (imagen siguiente) para pupar y convertirse en moscas adultas, que se aparearán y buscarán otras abejas para poner sus huevos, cerrando así el ciclo.


Las abejas siguen la estela del oso polar, las medusas, los anfibios, los lagartos y tantas otras especies que han sido usadas para meternos miedo con el cambio climático, especies que, se nos ha dicho, estaban disminuyendo (las “buenas”) o aumentando (las “malas”) como consecuencia del calentamiento global. En todos y cada uno de los casos, sin embargo, se demostraba posteriormente que la variación en su número no era debida al cambio climático sino a la caza abusiva, sobrepesca, enfermedades, parásitos, captura como mascotas etc.
Raramente este descubrimiento posterior de que sus verdaderas causas no tienen nada que ver con el cambio climático, sale en la prensa generalista, la misma prensa que sí se apresuró a destacar en primera plana la alarma zoológica de turno cuando era el calentamiento global lo que se esgrimía como causa.
(moscas parásitas en WUWT aquí):)
Imágenes de varroa:
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi9MadcHZlXWG2O93m-6Gg2AsV1i3Dhyphenhyphen64dzk4uq0YYf4h99b4_ouGudUHOm_SqR2eASr0HlUpvzXjxMaFY8AUs6rhfGQOuTLzvgrh74DKALQRLIFs2VpQUqVxa0KyJ0OHVo58ozd7rrV7P/s1600/F8-varroa-on-pupa.jpg

martes, 17 de enero de 2012

Gradualismo y saltacionismo en el clima



A principios del siglo XIX, un debate polarizaba el mundo científico de la época: en un bando se situaban los catastrofistas, con el francés Georges Cuvier (imagen derecha)a la cabeza, y en el otro los gradualistas, con el geólogo escocés Sir Charles Lyell (izquierda) como abanderado.
Cuvier, llamado el padre de la paleontología por sus estudios con fósiles, describía una historia geológica en la que existían largos períodos de estabilidad, en donde las especies permanecían invariables, seguidos de gigantescos eventos catastróficos que exterminaban las especies antiguas. Tras la extinción masiva, Dios creaba una nueva colección de especies que permanecían invariables hasta la siguiente gran catástrofe.
Lyell y los gradualistas, en cambio, no creían en grandes catástrofes, para ellos la historia del mundo es progresiva, gradual, sin más ni mayores catástrofes de las que podemos observar en la actualidad. El gradualismo cree que no hay necesidad de acontecimientos extraordinarios para explicar lo que se ve en los estratos de roca.
La balanza se decantó del lado de los gradualistas a mitad del siglo XIX, fundamentalmente gracias a la enorme influencia de las ideas de Charles Darwin, gradualista convencido.
Darwin explicaba su teoría evolucionista a partir de pequeños cambios, pequeñas diferencias mantenidas en el tiempo. Hasta las extinciones son graduales. Para Darwin, no existen extinciones masivas ni nada que se le parezca.

Tuvieron que pasar más de 100 años para que se atacase de manera efectiva el paradigma gradualista: en la década de los ’70 del siglo pasado, Niles Eldredge (en la imagen) y Stephen J. Gould elaboran su teoría de los equilibrios puntuados o teoría “saltacionista”. Estos paleontólogos, con muchísimos más datos de fósiles y geológicos de los que tuvo jamás Darwin, confeccionan una nueva teoría, similar en muchos aspectos a la catastrofista de Cuvier, pero que no rechaza de plano las ideas darwinistas: para ellos las especies evolucionan por selección natural, tal y como creía Darwin, pero esta evolución no es un proceso gradual y continuo, sino brusco y discontinuo, es decir, “a saltos”, un proceso en el que se alternan largos períodos de estasis, con poco o ningún cambio en las especies, con cortos períodos de crisis que ocasionan grandes extinciones, seguidos de rápida evolución y diversificación de las especies supervivientes, lo que genera nuevas especies adaptadas a los ambientes que han dejado libres las especies extintas, y vuelta a empezar.
Los descubrimientos, en la década de los ’80 de extinciones masivas al final de la era de los dinosaurios por los americanos Luís y Walter Álvarez (padre e hijo, cuya familia es de origen asturiano, en la imagen Walter), atribuidas al choque de un gran meteorito o asteroide, refuerzan las teorías de Eldredge y Gould. Hoy en día, la mayoría de los científicos creen en las extinciones masivas.
Pero, ¿son solo caídas de objetos celestes las que causan las extinciones o hay algo más?
Lo cierto es que, entre las grandes extinciones hay otras, no tan masivas ni tan globales, que podrían atribuirse a catástrofes de otro tipo, como supervolcanes, supernovas y grandes cambios climáticos de origen aún desconocido.
Si afinamos más, podemos ver que, incluso en los periodos de aparente estabilidad, se produce alguna extinción aislada, así como cambios en la distribución de muchas especies, algunos de ellos bruscos.
Por otro lado, si miramos al registro de temperaturas globales o a las temperaturas sacadas de los núcleos de hielo glaciar de la Antártida y Groenlandia, lo que vemos es un conjunto de picos y valles a veces muy profundos, en nada comparables a cambios graduales y sí a saltos. Estos cambios bruscos se pueden observar también en ciclos solares y registros oceánicos.
Es decir, que el viejo paradigma del gradualismo está en franco retroceso hoy en día.
Si se miran los registros a la luz del nuevo paradigma saltacionista se da uno cuenta de que la obsesión por las medias no tiene mucho sentido en el mundo real, ya que la media es un estadístico más, un valor que raramente tiene existencia salvo en breves instantes, y que solo sirve para hacernos una idea muy burda, muy “grosso modo”, de la realidad. Es mucho más útil y práctico ver la evolución de la temperatura a nivel regional e incluso local, pero si insistimos en querer conocer la temperatura global por aquello del miedo a la subida del nivel del mar, el deshielo de los glaciares o cualquier otra supuesta amenaza, deberíamos también intentar mirar las gráficas a la luz del nuevo paradigma: no tanto con rectas de regresión y tendencias lineales (la “brocha gorda” que nos proporciona poca información, y que además suele ser fácil de manipular por unos y por otros) como con escalones, saltos bruscos que nos llevan a períodos de relativa estabilidad, más cálidos o más fríos (ver aquí un ejemplo en la temperatura superficial oceánica por Bob Tisdale).


En realidad no es extraño que así suceda, dado que el clima tiene mucho de caótico y los sistemas caóticos suelen tener “atractores” (imagen: atractor de Lorenz), es decir, situaciones más o menos estables alrededor de los cuales gira u oscila el sistema durante un tiempo para cambiar bruscamente a otro nivel buscando otro atractor, alrededor del cual oscilará el sistema en un nuevo periodo de estabilidad antes del siguiente salto (ver aquí:).