domingo, 1 de abril de 2012

Las chimeneas crean riqueza


Uno de los tópicos más usados, siempre que se quiere atacar nuestro modo de vida actual desde el punto de vista medioambiental, es la imagen de enormes chimeneas humeantes en un entorno industrial.
La imagen del humo, y de la industria en general, se asocia a contaminación atmosférica pero también a enfermedades, explotación de la clase obrera por el capitalismo salvaje, pobreza y toda clase de miserias humanas. Ante esto, yo me pregunto:

¿Se corresponde esta visión con la realidad? Y también:

¿Es esta asociación válida hoy en día?

Veamos en primer lugar, el presunto daño al medio ambiente: en un reciente post, el gran Antón Uriarte (ver aquí)nos ilustraba sobre la mejora en China de las emisiones de dióxido de azufre, uno de los principales contaminantes liberados por las centrales térmicas de carbón, emisiones que han experimentado un espectacular descenso en los últimos años hasta quedar en 2010 por debajo de las que este país producía en 1996, a pesar del enorme aumento del número de centrales que utilizan carbón. Esto se produce por la mejora en la eficiencia de estas centrales y el uso de filtros que reducen las emisiones contaminantes.

Otros contaminantes como los óxidos de nitrógeno también han disminuido en las emisiones de la industria actual, lo que es positivo, ya que son nocivos para los seres humanos cuando se encuentran en altas concentraciones, pero no lo es tanto para el medio ambiente, ya que al caer al suelo, arrastrados por la lluvia, fertilizan los campos con nitrógeno, que como todo agricultor sabe, es uno de los elementos clave en los abonos (en forma de nitratos).

Por último, hay que señalar los beneficios del aumento de CO2, un gas falsamente demonizado como contaminante y productor de calentamiento global, pero que en realidad es el gas de la vida, la comida de las plantas, el elixir que hace que crezcan más y resistan mejor a la sequía, sin CO2 el oxígeno no existiría y toda vida animal o vegetal desaparecería de la faz de la Tierra.

Por supuesto, sería deseable reducir los verdaderos contaminantes, como los óxidos de azufre y nitrógeno ya mencionados y también otros como los metales pesados, ozono, etc. pero la solución no es deshacerse de la industria, sino poner filtros y tratar el combustible, o cambiar la maquinaria de manera que se haga más efectiva y consuma menos como hacen los chinos.

Es decir, la solución a los problemas tecnológicos no es retroceder (a periodos preindustriales o a la edad de piedra como quieren algunos), es avanzar mediante el perfeccionamiento de la propia tecnología.

¿Cómo se hace esto? Desde luego, no intentando que se reduzca a cero el riesgo de accidente o la emisión de contaminantes, no es posible hacer eso ya que la seguridad completa no existe y la limpieza perfecta, tampoco. Toda actividad humana (o animal) va a producir un impacto en el medio ambiente, el mero hecho de existir ya implica un consumo de energía y de recursos. Por tanto la manera de hacerlo, a mi juicio, es:

Cuidando que la relación entre los perjuicios causados y los beneficios a conseguir sea favorable a estos últimos.

La industria es un bien necesario en la sociedad humana actual, y los países en que ha retrocedido el peso de este sector, como en España (en donde ha pasado de representar un 30% del PIB en los años ‘70 a un 17% actual), son proclives a sufrir más intensamente los vaivenes de la economía, en especial en épocas de crisis como la actual.

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